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sábado, 10 de febrero de 2018

Primeros auxilios psicológicos: aprovechando conocimientos existentes para prepararnos ante situaciones de crisis

Por María Eugenia Nadurille Álvarez
Todas las personas vivimos situaciones de crisis en uno o más momentos de nuestras vidas; son momentos que nos desorganizan, nos roban la tranquilidad e incluso nos pueden dar una sensación de catástrofe y total inseguridad. En muchas aproximaciones de la psicología se ha trabajado y estudiado el tema de las crisis y cómo lidiar con ellas de una mejor manera. Existen diferentes explicaciones, abordajes y categorizaciones de lo que comúnmente se conoce como “intervención en crisis”. Para mí, el término más útil y cercano ha sido el de “primeros auxilios psicológicos”, pues, al igual que en las emergencias médicas, hay pasos y herramientas que nos pueden servir en el momento inmediato de la crisis, para ayudar a bajar un poco el estrés, recuperar cierta estabilidad y atender las situaciones de emergencia con mayor claridad.
La intención de este escrito es, en primer lugar, aprovechar los saberes y conocimientos existentes que pueden ayudar a entender mejor cuáles son las respuestas más comunes ante una crisis y, en segundo lugar, retomar los lineamientos de los primeros auxilios psicológicos, que resultan muy útiles para acompañar a alguien que está viviendo una situación de crisis. En mi experiencia, tener estos elementos en mente, ya sea a la hora de vivir una crisis o a la hora de acompañar a alguien más, ha sido muy útil para anticipar y estar preparada ante el momento de sorpresa, lo que permite mantener un cierto grado de tranquilidad y una seguridad suficiente para buscar alternativas de acción.
Lo que aquí se propone, no intenta ser un manual de reglas estrictas, ni una descripción exhaustiva y única de cómo manejar una crisis, simplemente se busca brindar una recopilación de saberes que contribuyan en la construcción de un camino que por supuesto necesita ser flexible, pero que pueda dar un rumbo a partir de lo conocido por quienes lo han recorrido antes.

¿QUÉ NOS PASA CUANDO HAY CRISIS?
Se entiende por crisis a un momento de trastorno y desorganización emocional y mental que aparece a partir un suceso que lo desencadena y requiere de una respuesta de la persona o la comunidad que la vive.
Las características de una situación de crisis son:
   1.  Aparición repentina.
   2.  Imprevista.
   3.  Calidad de urgencia.
   4.  Impacto potencial sobre comunidades enteras
   5.  Peligro y oportunidad.
El más reciente ejemplo que tenemos ahora de una crisis es el pasado temblor del 19 de septiembre del 2017.
Cuando experimentamos un evento de esta magnitud, la sensación es que nuestro mundo cambia por completo y lo sentimos como extraño y amenazante. Esto puede hacer que cambie fuertemente la forma en que percibimos las cosas y a nosotrxs mismxs. Es bastante común que nuestros procesos de memoria y de pensamiento se alteren y no recordemos exactamente qué fue lo que hicimos en el momento de la crisis o cómo salimos de algún lugar.
Lo que nos ha funcionado cotidianamente para tomar decisiones o adaptarnos ante situaciones nuevas, puede que no nos funcione por ahora, al menos no de la misma forma. Con mucha frecuencia nos vivimos con una sensación de no reconocernos a nosotras/os mismas/os y dudamos de las respuestas o acciones que usualmente nos ayudan a mantener un equilibrio, por lo que nos llegamos sentir en total indefensión y desconfiamos de nuestros recursos.
Las pérdidas que tenemos en este tipo de eventos pueden ser materiales, de seres queridos o incluso pérdida de las situaciones cotidianas que nos daban seguridad -las rutas a nuestro trabajo, cambios en el paisaje urbano, cambios en las rutinas, etc-. Evidentemente, esto nos lleva a un gran estrés que originado por la sensación de vivir bajo amenaza constante; este estrés y esta sensación de amenaza, pueden manifestarse en reacciones fisiológicas, psicológicas y/ o de conducta.
Ante esto, el poder relatar de forma organizada nuestras vivencias, nos puede ayudar a reacomodarnos ante la nueva situación.
Las reacciones más comunes (aunque nos las únicas)  son: Temor de que se repita el evento, sueños o pesadillas, ansiedad, tensión muscular, aumento de la irritabilidad, miedo, desconfianza, negación, sensación de opresión en el tórax, amnesia, trastornos en la alimentación y/o en el sueño, culpa, confusión, tensión muscular, dificultades en la atención, fatiga, mareos, hostilidad, náuseas, malestar abdominal, rencor, dificultad para tomar decisiones, etc.

PRIMEROS AUXILIOS PSICOLÓGICOS
Los “Primeros Auxilios Psicológicos” son una serie de pasos pensados para auxiliar a las personas cuando son víctimas de una crisis para lograr su recuperación. El objetivo es que se pueda restablecer la capacidad para afrontar las situaciones de estrés y así reordenar y reorganizar su vida.
Se dividen en 5 Componentes:
1. Contacto:
El primer contacto requiere empatía y tratar de conectar con los sentimientos de la persona. Para esto es indispensable escuchar cómo ve la persona la situación y que se sienta escuchada, aceptada, entendida y apoyada.
2. Analizar las dimensiones del problema:
Es importante analizar y preguntar en tres tiempos:
-    Presente ¿cómo te sientes? ¿qué piensas? ¿qué puedes hacer?
-    Pasado Inmediato ¿qué sucedió?  ¿quién? ¿cuándo? ¿cómo? ¿dónde?
-    Futuro Inmediato: Indagar sobre eventuales riesgos y preparar soluciones inmediatas
3.Explorar posibles soluciones:
Cuando las personas se encuentran en una crisis, no les es posible pensar con calma y claridad y esto les impide muchas veces tomar las mejores decisiones respecto a las mejores acciones inmediatas a tomar. Es importante guiar a la persona en crisis para generar alternativas, esto no significa imponérselas, sino ayudarle a encontrar cuáles son las más viables según su situación particular. Parte de esta guía incluye también analizar los posibles obstáculos en cada plan de acción, para decidir las previsiones que hay que tomar para ejecutarlo. Este no es momento para tomar decisiones a largo plazo o que comprometan un curso de acción a futuro, únicamente se trata de encontrar cuales son los mejores siguientes posibles pasos.
4. Iniciar pasos concretos:
Para empezar a cumplir los planes de acción, hay que ayudar a la persona a ejecutar alguna acción concreta, iniciando con el primer mejor paso posible. No tiene que ser un paso grande, es importante buscar un primer paso concreto y tener claro hacia dónde va. Para estas primeras acciones será necesario facilitar o dirigir según las circunstancias. No se trata de resolverle todo el problema o de quedarse hasta que todo vuelva a la normalidad, porque a veces eso no está en nuestras manos, pero es importante acompañar en el primer paso, hasta donde sea posible.
Por ejemplo, si la primera acción es llamar a alguien de la familia, tal vez habrá que pedirle a la persona el número telefónico y llamarle nosotros para explicarle la situación y plantearle que se necesita su ayuda y en qué. O tal vez habrá que buscar el teléfono de alguna institución o instancia de ayuda (la policía, una ambulancia, el Instituto de las mujeres, el DIF, algún abogado, etc.) y hacer el primer contacto para canalizar a la persona.
5. Verificar el progreso:
Antes de canalizar a la persona hacia los siguientes pasos, hay que establecer un procedimiento que permita el seguimiento, puede ser buscarse cara a cara, pedirle o darle un número de teléfono, un correo electrónico, etc.
La intervención en crisis no tiene que extenderse más allá de ella, no se trata de “cargar” con las personas por tiempo indefinido. Es importante por un lado, medir las propias limitaciones y respetarlas (limitaciones de tiempo, de conocimientos, de involucramiento emocional, etc.), para esto se busca precisamente canalizar con instancias o personas que puedan continuar apoyando mejor. También es importante confiar en que la persona podrá acudir a sus propias sabidurías y capacidades una vez que la crisis empiece encontrar un camino de solución.
Dicho esto, sí es necesario brindarle a la persona un punto de contacto posterior, para verificar que el plan propuesto esté avanzando por buen camino. Esto le ayudara a la persona a tener confianza para seguir con los pasos siguientes sin sentirse a la deriva.

Que SÍ y que NO hacer en los primeros auxilios psicológicos

SI
-    Escuchar
-    Comunicar aceptación
-    Preguntas abiertas
-    Llevar a la persona a una mayor claridad
-    Evaluar riesgos, especialmente los de mortalidad
-    Establecer prioridades de lo inmediato y de lo importante
-    Alentar la lluvia de ideas
-    Establecer metas específicas de corto plazo
-    Ser directivo cuando sea necesario
-    Evaluar los posibles pasos de acción

NO
-    Contar tu propia historia
-    Juzgar, regañar, tomar partido
-    Depender de preguntas SI/NO
-    Minimizar  las señales de peligro
-    Dar consejos
-    Dejar obstáculos sin examinar
-    Permitir una mescolanza de necesidades
-    Intentar resolver todo ahora
-    Tomar decisiones que comprometan a largo plazo
-    Prometer cosas
ALGUNAS RECOMENDACIONES BÁSICAS
Queremos invitar a no patologizar ni psicologizar las reacciones de las personas. Por el contrario, hay que tener en cuenta que por lo general esta información pertenece al mundo médico, pero al hacerla pública buscamos apropiarnos de esos entendimientos para poder ver que hay una gran gama de respuestas con las que las personas reaccionamos ante eventos de estrés y que no hay respuestas buenas o malas, correctas o incorrectas, sanas o enfermas. Simplemente, estas respuestas son parte del repertorio cognitivo y emocional con el que actuamos cuando hay estímulos muy fuertes que sacuden nuestra sensación de normalidad y cuando la vida y la seguridad estuvieron en riesgo.
Es muy importante escuchar con empatía, es decir, dar una escucha nazca desde el respeto y el aprecio por el otro. A través de esto, se puede buscar establecer un vínculo de confianza importante, a través del cual la persona sienta genuinamente el acompañamiento. Este vínculo de confianza puede crearse cuando la persona siente que en la actitud de quien escucha hay respeto y un sentido de responsabilidad.
También es indispensable escuchar con curiosidad genuina, es decir, tratar de entender genuinamente qué es lo que la persona siente y necesita, tener curiosidad de saber cuál es su mirada y su vivencia particular, sin asumir que entendemos plenamente o que sabemos mejor que ella lo que necesita o lo que le sirve. Esto implica escuchar con la conciencia de que el otro es el experto de su vida. Nadie puede ser experto en la vida de alguien más.


BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

Bellak, L. y Small, L. (1988) “Psicoterapia breve y e emergencia”. Editorial Pax
Slaikeu, K. (1994) “Intervención en Crisis. Manual para práctica e investigación”. Manual Moderno

White, M. (2004). “El trabajo con personas que sufren las consecuencias de trauma múltiple.” The International Journal of Narrative Therapy and Community Work, 1.
jueves, 30 de noviembre de 2017

LXS NIÑXS RESPONDEN ANTE EL TERREMOTO

 Por Ana Solís Y Diana Rico

"¿Es posible jugar y conservar el sentido del humor mientras se abordan con eficacia situaciones angustiosas, alarmantes o peligrosas?" (Freeman, Epston & Lobovits, 2001). 

Esta es una pregunta que tiene relevancia en estos momentos en México, luego de los sismos del 7 y 19 de septiembre del presente año.

Después del terremoto, lxs niñxs se quedaron con mucha preocupación, nerviosismo y miedo de que vuelva a ocurrir otro terremoto. Su vida cotidiana se trastocó y algunxs tardaron semanas en poder regresar a clases.

Tuvimos la oportunidad de reunirnos con un grupo de niñxs en Casa Hogar Margarita, organización que nació en 1998 y que beneficia a niñas y adolescentes de entre 4 y 18 años de edad, provenientes de familias desintegradas de escasos recursos, así como a algunos niños en edades tempranas. La Casa Hogar les brinda la atención y educación adecuadas para permitirles romper con el círculo de pobreza y violencia en el que viven. El grupo con el que trabajamos estuvo formado por  8 niñxs de entre 3 y 8 años de edad. Nos acompañó también una jovencita de 14 años, quien estaba muy afectada por lo sucedido pues vio desplomarse un edificio frente a ella. Su participación fue de gran ayuda en el trabajo con el resto del grupo.

Con la intención de poder conversar con lxs chicxs sobre el terremoto, utilizamos el cuento "Cuando la tierra se movió", escrito por Josefina Martínez, Elena Sepúlveda y Rossana Culaciati e ilustrado por Carolina Durán, a raíz del terremoto ocurrido el 27 de febrero del 2010 en Chile. El cuento está planteado en una forma que empata en gran medida con  las ideas propuestas por las prácticas narrativas, que "contribuyen a enriquecer las descripciones de los saberes y habilidades generados en las historias de vida de las personas, mostrando su importancia y enfatizando la pertinencia que tienen en sus esfuerzos por responder a los problemas" (White, 2015, p. 49). A través del cuento, lxs niñxs pueden expresar sus emociones, temores y angustias. Mediante la escucha, la lectura y la conversación sobre la narración, pueden ir haciendo conexiones y reflexiones sobre lo que sucede al interior del relato, relacionándolas con su situación particular, para dar así su propia organización a la experiencia. Esto ayudó a lxs niñxs a expresar sus vivencias y a visibilizar las herramientas con las que cuentan para darle significado a estas situaciones de peligro, conflicto y temor.

Antes de empezar, pedimos permiso, tanto a la dirección de Casa Hogar como a lxs niñxs, para grabar la sesión con el fin de poder compartirla con otrxs niñxs que estuvieran pasando por la misma situación. Posteriormente, conversamos sobre las reglas del juego: Levantar la mano cuando quisieran hablar, no interrumpir cuando alguien estuviera hablando, no burlarse ni criticar a nadie, respetar lo que digan lxs demás, etc. Iniciamos la sesión preguntando si querían que les contáramos un cuento, a lo que todxs contestaron al unísono que sí.

"Cuando niños y adultos se unen, el juego ofrece un lenguaje común para expresar los pensamientos, las emociones y las experiencias" (Freeman, Epston & Lobovits, 2001, p.24).

Lxs niñxs poseían un conocimiento sobre el terremoto bastante amplio, fruto de lo que habían escuchado tanto de sus familiares como de otrxs compañeros, o lo que habían visto o escuchado en la televisión. Algunas explicaciones que dieron fueron: que “la tierra se  acomodó”, que “siempre está temblando pero ligerito” que “dos piedras chocaron y por eso sucedió el terremoto”, que “la alarma sísmica sonó hasta después de que empezara a temblar”, que supieron de “gente que se quedó atrapada”, que “algunos se fueron al cielo”,  etc.

Casi todxs estaban ávidos por contarnos cada detalle de cómo vivieron el terremoto del 19 de septiembre. Nos contaron que las maestras empezaron a llorar y por eso varias de las niñas lloraron; que veían cómo los edificios alrededor de la escuela se movían muy fuerte y casi se caían; que los llevaron al centro del patio para ponerlos a salvo. En ese momento aclaramos que los terremotos son un fenómeno de la naturaleza y por lo tanto, no son culpa de nadie, además de que nadie puede predecir cuándo volverá a ocurrir otro terremoto.

Entre los beneficios que encontramos al trabajar en grupo destaca la posibilidad que hubo de normalizar los sentimientos y comportamientos y crear un fuerte sentido de solidaridad: los niñxs se dieron cuenta que no eran lxs únicxs que tenían ganas de llorar; que el miedo o preocupación que sentían le pasaba a la mayoría.

Traer sus preocupaciones al grupo permitió compartir su experiencia y escuchar la de los otrxs compañerxs o amigxs, legitimar sus emociones y explorar cómo están procesando la vivencia en conjunto con otrxs que son importantes en su vida. Se atrevieron a relatar su propia visión de lo que ocurrió y a buscar maneras para sentirse mejor. Incluso Fany[*], que tiene poco tiempo conviviendo con los demás y al principio no quería participar, conforme fue avanzando la conversación fue confiando y fue participando poco a poco: era la primera que levantaba la mano para compartir lo que estaba sintiendo, señaló en un dibujo el grado de su preocupación, que era mucha. También Mary se pudo desafanar de la pena que sentía por haber llorado a partir de escuchar a otras compañeras que lo compartieron de forma muy natural.

Después, les pedimos que hicieran un dibujo o escribieran cómo habían vivido la experiencia. Algunos de los dibujos mostraban por ejemplo los efectos que estaba teniendo esta experiencia sobre su vida, como el de María Fernanda, que luego de hacer un dibujo en el que se veía ella al centro y alrededor puertas y ventanas, abajo escribió "Yo me sentí mal" y más adelante empezó a rayar la hoja con mucha energía. O Mary, que en un primer momento, cuando una de sus compañeras dijo que ella era la primera que había llorado, estaba molesta y tratando de defenderse; sin embargo, al mostrarnos su dibujo, pudo decir con tranquilidad "yo lloré" como liberada de una carga, y al mismo tiempo pudo reconocer sus recursos: "Lloré y luego me tranquilicé". Otrxs como Tan, que pudo mostrar lo que más valora: dibujó un árbol de cada lado de la hoja; en medio su mamá, de un lado él y del otro su mejor amigo, todxs agarrados de las manos.

Siguiendo con el orden del cuento, les mostramos un dibujo de caritas de diferentes tamaños, en donde ellxs señalaban el grado de preocupación que estaban experimentando. La mayoría dijo tener mucha preocupación. También se habló de las cosas que pudieran estar sintiendo o viviendo, al igual que muchxs niñxs. Ellxs levantaban la mano si les estaban ocurriendo cosas como no poder dormir, hacerse pipí en la cama, tener dolor de cabeza o estómago, tener ganas de llorar, andar desganadxs o cansadxs, tener enojo, querer estar todo el tiempo con sus papás o querer dormir con ellos. Casi todxs levantaron la mano a todo lo que dijimos.

Todo esto constituyó un andamio para hablar de sus habilidades y conocimientos; de lo que habían estado haciendo o podían hacer para sentirse mejor y para hablar con las personas en las que podían confiar.

Cuando hablamos de las cosas que podían hacer para sentirse más tranquilxs, Valeria, la chica de 14 años, comentó que una de las cosas que ella hacía era respirar; todxs estuvimos de acuerdo en que nos enseñara su método. Lxs niñxs estuvieron felices de hacer el ejercicio de inhalación y exhalación y varixs dijeron que se sentían mejor. La otra idea que les dio Valeria fue agradecer. Hicimos un espacio para hablar de porqué estar agradecidxs: “Por estar bien”, “porque no nos pasó lo que a otra gente que se cayó su edificio”, “porque no le pasó nada a mi mamá ni a mí”, “por tener un techo”, “por tener comida”; Ale de 3 años agradeció el “tener a mi mamá y a mi papá”.

Posteriormente, editamos un video en donde se muestra esta experiencia, con el fin de compartirlo con otrxs niñxs. Una persona que viajó a Oaxaca a visitar a su familia, que aunque no había sufrido daños materiales ni físicos, estaban como todas las personas, sensibles a esta situación, nos pidió el video para compartirlo con lxs niñxs de su familia en Oaxaca. Por cuestiones técnicas, hasta la fecha de publicación de este texto, no han podido verlo; sin embargo, prometieron enviarnos sus reflexiones así como un mensaje a lxs niñxs de la Casa Hogar.

Estos son algunos de los dibujos que lxs niñxs nos regalaron:

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REFERENCIAS

Freeman, J., Epston, D., & Lobovits, D. (2001). Terapia narrativa para niños. Aproximación a los conflictos familiares a través del juego. Barcelona: Paidós.
Martínez B., J., Sepúlveda O., E., Culaciati S., R. & Durán M., C. (2010). Cuando la tierra se movió. Chile.
White, M. (2015).  Práctica narrativa: la conversación continua. Chile: Pranas Ediciones.




[*] Para respetar la confidencialidad, los nombres de los niñxs fueron cambiados.

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