miércoles, 21 de marzo de 2012

TERAPIA NARRATIVA Y CUENTOS TERAPÉUTICOS



Por Diana Rico

El presente artículo consta de dos partes. En la primera se exponen brevemente los antecedentes literarios de la terapia narrativa. En la segunda se presenta de forma muy sintética un caso que culmina con la elaboración de un cuento terapéutico.

 ANTECEDENTES LITERARIOS DE LA TERAPIA NARRATIVA
La terapia narrativa se sitúa en el marco de las ideas postestructuralistas. Algunos antecedentes de la terapia narrativa incluyen las ideas de Gregory Bateson, Michel Foucault (poder y conocimiento), Geertz (analogía del texto) y Jerome Bruner.
El postestructuralismo enfatiza que el lenguaje y su uso juegan un rol vital en la formación de la vida. El significado que le damos a los eventos en nuestras vidas y cómo organizamos éstos en historias sobre nosotros y los otros, dará forma a la vida.
Con el objeto de proporcionar un marco conceptual a su exploración de los recursos narrativos, Michael White y David Epston acuden a la noción de “textos narrativos”. Proponen la analogía de la terapia como un proceso de “contar y volver a contar” las vidas y las experiencias de las personas que se presentan con problemas, contribuyendo a la co-creación de narraciones nuevas y liberadoras. La terapia narrativa se conoció en sus inicios como “terapia de mérito literario”.
A continuación me centraré en los principales antecedentes literarios de la terapia narrativa:
Gregory Bateson, biólogo y antropólogo, señala que la lógica se puede utilizar para describir sistemas lineales de causa y efecto, pero cuando las secuencias causales se convierten en circulares, como ocurre en el mundo viviente, su descripción en términos lógicos genera paradojas. Es por ello que la metáfora tiene un papel fundamental en el mundo viviente. La metáfora es el lenguaje de la naturaleza. La metáfora expresa similitudes estructurales, similitudes de organización. La metáfora es la lógica básica de la totalidad del mundo vivo. Bateson consideraba las historias, parábolas y metáforas como expresiones esenciales del pensamiento humano, de la mente humana. La importancia de las historias en el pensamiento de Bateson está íntimamente vinculada con la importancia de las relaciones. Según Bateson, la relación debería constituir la base de toda definición; la forma biológica es un conjunto de relaciones, más que de partes, y así es también como funciona el pensamiento humano. Las relaciones son la esencia del mundo viviente. Las historias constituyen el camino real del estudio de las relaciones. Lo importante de una historia no es el argumento, las cosas, ni sus personajes, sino las relaciones entre ellos. Bateson definía la historia como “un conjunto de relaciones formales dispersas por el tiempo.”


Geertz afirma que las vidas de las personas están situadas en textos dentro de textos. Considera la interacción de las personas como la de interacción de los lectores respecto de ciertos textos; entiende la evolución de las vidas y las relaciones en términos de lectura y escritura de textos. Señala que relatar la experiencia determina el significado que se atribuirá a la misma.
Los textos tienen un cierto grado de ambigüedad o indeterminación. Los relatos están llenos de lagunas que las personas deben llenar para que sea posible representarlos. Estas lagunas ponen en marcha la experiencia vivida y la imaginación de las personas. Con cada nueva versión, las personas reescriben sus vidas.
Jerome Bruner señala que la experiencia vivida es más rica que el discurso. Las personas organizan su experiencia y le dan sentido por medio del relato y en la construcción de estos relatos expresan aspectos escogidos de su experiencia vivida. Estos relatos son constitutivos: modelan las vidas y las relaciones.
La terapia narrativa, según Alice Morgan, busca ser un enfoque respetuoso, no culpabilizador para el trabajo terapéutico y comunitario, que centra a las personas como expertas de sus vidas. Ve a las personas separados de los problemas y supone que las personas tienen muchas herramientas, competencias, creencias, valores, compromisos y habilidades que les pueden ayudar a reducir la influencia de los problemas sobre sus vidas.
Nuestras vidas son multi-historiadas. Cuando las personas consultan a un terapeuta cuentan historias sobre sus problemas, predicamentos y dilemas. Al hacerlo, ligan los eventos de sus vidas en secuencias, a través del tiempo, de acuerdo a un tema o trama. Estos temas frecuentemente reflejan pérdida, fracaso, incompetencia, desesperanza e inutilidad. Las conversaciones de re-autoría invitan a las personas a continuar desarrollando las historias de sus vidas y los invitan a incluir otros eventos subordinados (que no se habían tomado en cuenta previamente), pero potencialmente significativos. Se trata de buscar los acontecimientos en donde el problema tiene una menor influencia o no está presente. Estos eventos se conocen como eventos o acontecimientos extraordinarios  y son el punto de partida para la construcción de historias alternativas. Estas historias se engrosan ricamente.
Hay muchas formas de engrosar la historia alternativa, como las conversaciones de re-autoría, conversaciones de re-membranza, los testigos externos y el uso de documentos terapéuticos. Me centraré en estos últimos.
Cuando las personas se encuentran en la reautoría de sus vidas y sus relaciones, la influencia de la historia problemática disminuye y una nueva historia preferente emerge. Los documentos terapéuticas documentan estas preferencias, conocimientos y compromisos para que la persona pueda acceder a ellos.
Existen muchos tipos de documentos terapéuticos como las cartas terapéuticas,  declaraciones, certificados, manuales, notas de las sesiones, videos o DVDs, listas, fotografías e imágenes,  y los cuentos.
En una obra literaria no está todo dicho de manera explícita. La obra literaria es un objeto intencional, no está completado, apunta hacia, está llena de zonas de indeterminación que el lector completa.
En el cuento terapéutico el drama familiar relatado por el consultante es vertido, transformado, utilizando un lenguaje simbólico metafórico, en un relato terapéutico. El punto culminante del proceso no es la producción del cuento por parte del terapeuta, sino la propia elaboración que el consultante hace de todo lo acaecido.  Sólo cuando el consultante se reconoce en la nueva historia, puede hacerla suya e incorporar los mensajes de salud y crecimiento que están implícitos en ella, agregándole nuevos elementos introducidos por él.

MI EXPERIENCIA CON LA LITERATURA INFANTIL… Y CUENTO TERAPÉUTICO
No me acuerdo cuándo inició mi fascinación por los cuentos infantiles, seguramente desde niña. Cuando mis hijos eran pequeños me entrené como animadora a la lectura. Posteriormente tuve el privilegio de participar durante 6 años en un proyecto de “Biblioterapia” en un hospital público, en donde se utilizaba la literatura infantil como medio de comunicación y una forma de explorar las emociones de los niños con cáncer.
Convencida del poder de los cuentos, cursé el Diplomado en Literatura Infantil. En 2004 conocí a Carlos Arturo Molina Loza, psicoterapeuta guatemalteco radicado en ese entonces en Brasil, quien me introdujo al arte de escribir cuentos con las historias que traen las familias a la terapia. A partir de entonces en muchas ocasiones escribo cuentos y se los regalo a las familias como culminación del proceso terapéutico.
En esta ocasión me gustaría compartirles un cuento que escribí a una familia en donde se ejercía mucha violencia. La familia estaba conformada por papá (48 años, empleado), mamá (42 años, dedicada al hogar), ambos con estudios truncos de derecho, y tres hijos (estudiantes) de 15, 13 y 6 años de edad. La historia saturada de problema incluía continuos episodios de violencia ejercida de múltiples formas a través de golpes, descalificaciones, burlas, insultos…. Desde un inicio me percaté de los vastos recursos que tenía la familia. Me impresionaba la inteligencia de los hijos y las sesiones transcurrían divertidas mientras ellos –interesados-  aportaban ideas brillantes… tenían ganas de cambiar y vivir mejor.
En este espacio no profundizaré sobre los detalles del proceso terapéutico, cuyo marco teórico fue la terapia narrativa. Basta con presentarles el cuento final, que incluye muchos elementos de lo que conversamos…

LOS POTROS SALVAJES
Por Diana Rico

Había una vez una familia de potros salvajes. Poseían pelajes preciosos y corrían por toda la comarca. Eran muy salvajes: pateaban, relinchaban y corrían desbocadamente. Así lo habían aprendido, pero en su interior sabían que había mejores formas para galopar.
Papá potro se burlaba e ignoraba a los demás; mamá yegua pateaba e insultaba; y los potrillos empezaban a aprender toda clase de suertes salvajes.
El que llevaba la mayor carga era el potrillo mayor, quien siempre estaba cargado de furia y trataba de reprender a sus hermanos potrillos. Era tarea ardua… no había descanso. El potrillo mayor dejaba de hacer las cosas de potrillos por estar pendiente de sus hermanos… era cansado y nunca estaba a gusto, nada le parecía bien y cada vez se tornaba más intolerante. Los potrillos menores se apoyaban y ayudaban entre sí; comenzaban a relinchar y a correr desbocadamente, pero estaban ávidos de aprender nuevas  formas de galopar.
Los potros salvajes vivían a la defensiva; siempre cuidando que el otro no les fuera a dar una patada y alertas de poder responder a los actos violentos de los demás. Era cansado vivir así, alertas para poder defenderse.
Querían pedir ayuda, pero no sabían cómo. La gran máquina de la cara cuadrada les sugirió ir a ver a la lechuza que vivía del otro lado de la comarca.
Era una lechuza sabia. Ya antes había ayudado a otros animales en sus problemas cotidianos. Ella los miró y los vio correr, una y otra vez. Posteriormente, dio un diagnóstico: era necesario aprender a trotar elegantemente. No era tarea fácil.
Hicieron muchos ejercicios para aprender a trotar: no había que subir la pata más allá de lo permitido; había que intentar entrar en ritmo; había que respirar y aprender a sentir las señales de su cuerpo; había que calmar la necesidad de correr desbocadamente (cada uno aprendería la forma personal de hacerlo); había que ensayar diferentes formas de trotar calmadamente… con clase y con ritmo.
Ensayaron una y otra vez… y de nuevo otra vez.
Ya a veces lograban trotar un poco elegantemente, pero de repente les salía lo salvaje y había que comenzar de nuevo. Había que ensayar mucho más.
Cuando la lechuza consideró que estaban capacitados para comenzar a trotar elegantemente, los hizo venir a su lugar una vez más y les regaló una pócima mágica que les ayudaría a poder pasar las demás pruebas que faltaban para poder lograr la tarea de trotar elegantemente, sin relinchar ni correr desbocadamente.
La pócima mágica contenía JUSTICIA, IGUALDAD, UNIDAD, RESPETO, FELICIDAD y, sobre todo, mucho AMOR.
Y para beberla había que aprender a no mirar la paja en el ojo ajeno, ser responsables de nuestros actos, ser tolerantes, aprender a controlarse; no descalificar, no golpear, no burlarse, aceptarse, ayudarse mutuamente, trabajar como equipo, llegar a acuerdos, respetarse, …
LOS POTROS SALVAJES ERAN INTELIGENTES. SABÍAN QUE HABÍA FORMAS PARA VIVIR MEJOR Y QUERÍAN  INTENTARLAS.
LOS POTROS SALVAJES POSEÍAN LO MÁS IMPORTANTE: EL AMOR.

NOTA: La forma en que fue leído el cuento fue la siguiente: La terapeuta les leyó la primera parte del cuento y antes de contarles lo que contenía la pócima mágica, hizo una pausa para preguntarle a la familia los ingredientes de la pócima mágica. Ellos proporcionaron sus ideas y posteriormente la terapeuta les contó el final del cuento.
Las ideas sobre los ingredientes de la pócima mágica que proporcionaron los miembros de la familia fueron las siguientes:
1 pizca de felicidad
2 Cucharada de amor (tolerancia, ayuda incondicional)
1 rama de unión
2 gotitas de comunicación
gotitas de orden
2 ojos de fuerza
2 Cucharadas de no descalificación, ni insultos
Esencia de unión
Bálsamo valioso
1 pizca de no violencia
1 lengua de aceptación
polvos mágicos
1 lengua de diálogo
1 diente de comprensión
gotitas de esencia de “valoración real” (dar valor justo a la situación; no ser explosivos)
Reconocimiento de hacerla, usarla y tomarla.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
Capra, F. (2007): Sabiduría insólita: conversaciones con personajes notables. Barcelona: Kairós.
Molina Loza; C.A. (2002): Nuestras abuelitas ya lo sabían. Las historias y los cuentos pueden curar dolores del alma. Belo Horizonte: ArteSa
Morgan, A. (2000): What is narrative therapy? An easy-to-read introduction. Adelaide: Dulwich Centre Publications.
White, M. (2007): Maps of narrative practice. New York, N.Y.: W.W. Norton
White, M., Epston, D. (1993): Medios narrativos para fines terapéuticos. Barcelona: Paidós.


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2 comentarios:

  1. Me encanto encontrarme con este articulo. Estado contando cuentos porque encuentro en ellos un aspecto de resiliencia para la vida y ademas de una excelente oportunidad para acercarme a los niños en las comunidades y las escuelas; para después poder trabajar con otros aspectos de terapias-artísticas. Me gustaría saber mas sobre la terapia narrativa.
    Gracias

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  2. Wow Diana! Me gusto mucho las referencias desde varios autores y como vas llevándonos como en un cuento a ese final tan hermoso. Gracias

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