miércoles, 6 de mayo de 2015

“Recuperando la vida con mis manos”. La “toma de postura” en la terapia narrativa como un camino para la recuperación de la agencia personal en la vida


Por Tomoko Yashiro
La terapia narrativa pone una particular importancia en ayudar a la gente a recuperar su agencia personal, esa sensación en la que se vive que un@ es el/la agente activ@ de la propia vida, quien tiene el control sobre cómo ella se va desarrollando. Generalmente cuando las personas buscan un trabajo psicoterapéutico, están invadidas por la sensación de impotencia y de no saber qué hacer en su contexto personal. Por lo que cuando una persona empieza a expresar su mejoría en la terapia por medio de frases tales como:  como si recuperara la vida en mis manos”, “ya tengo una mayor claridad respecto de qué puedo y quiero hacer en esta situación”, encuentro uno de los momentos que me hacen confirmar que la dirección de la terapia está yendo hacia lo esperado.
La frase “como si recuperara la vida en mis manos” me hace recordar un concepto teórico clínico planteado dentro de la terapia narrativa: el de toma de postura. Este concepto nos enseña que las personas pueden visualizarse a sí mismas como alguien que puede tomar posiciones, "posturas" propositivas ante el problema y/o ante los efectos injustos que una situación problemática les ha causado. Esto es un proceso que se puede dar de manera muy independiente a la "solución" del problema en sí, y a la vez paralela a sus esfuerzos de "resolver" el mismo. Ya que hay veces en las que no nos toca resolver ni cambiar el problema en sí (por ejemplo, cuando no nos toca re-educar a un jefe enojón, ni a un pariente incómodo, o no se trata de que no debiera haber acontecido un suceso trágico o un error garrafal que nos tocó vivir en el pasado, etc.) y hay otras veces en las que uno se puede tardar un tiempo para lograr modificaciones que serían necesarias respecto de una situación problemática (por ejemplo, cuando es necesario aprender a negociar mejor con algunas personas, o desarrollar nuevos modos de hacer que un negocio personal rinda mayores frutos económicos, o cuando hay necesidad de encontrar una forma de independizarse de la pareja con quien ya no se comparte bien la vida, etc. ). Pero aún cuando todavía no se esté dando esa "solución", "disolución", "modificación" y/o "desaparición" de la situación problemática, podemos reflexionar sobre cómo nos gustaría vivir ese  proceso del cambio y/o el problema en sí de manera más favorable a nosotr@s mism@s.
Al verbalizar y visualizar una postura con la que queremos vivir este proceso, se va cambiando el tipo de habilidades que un@ busca explayar en sí misma para hacer frente al problema. Un@ puede ser más sensible y propositivo para que la situación problemática no nos obligue a destruir varios aspectos apreciados de nuestra vida, mismos que pueden incluso no tener nada que ver con ese "problema original" (por ejemplo, cuando me narran: “debido al estrés que me causa mi jefe empecé a pelearme más con mi pareja; u otra: “debido a mi sensación de fracaso y arrepentimiento estoy convirtiéndome en una persona gruñona, impaciente, cerrada”, entre otras).
El concepto de toma de postura nos hace recordar que siempre somos nosotr@s quienes tenemos la clave para invertir la relación de dominio establecida con la presencia del problema. No dejamos que el problema nos domine, diciéndonos cómo tenemos que interpretar y actuar en nuestra vida. Podemos ser nosotr@s quienes determinemos qué forma de ver y actuar nos llevan de mejor manera a donde queremos estar. Podemos no aceptar, disminuir, negociar y/o eliminar  los efectos secundarios que el problema puede causar injustamente en nosotr@s. Por ejemplo, al declarar la postura de "convertir esta experiencia en un aprendizaje", uno empieza a vivir un fracaso laboral y/o escolar como una oportunidad de desarrollar nuevas habilidades en sí mismo. Esta declaración le ayuda a la persona a conectarse mejor con la nueva curiosidad de saber cuántas posibilidades no vistas pueden existir frente a ella misma. Cuando nace este tipo de curiosidad, el "problema" empieza a perder su fuerza, y ya no nos puede obligar a ver las cosas únicamente desde la óptica del fracaso personal.
Cabe recalcar que esto es algo muy diferente a "ser un conformista" y/o alguien "indiferente" con las cosas que nos pasan en nuestra vida. No se trata de desarrollar  una "anestesia emocional" o "una  pared perceptual" que nos permite ser insensibles ante las cosas que pasan en nuestra vida, sino que es un proceso por el que cada persona se vuelve cada vez más sensible a las cosas que nos permiten acercarnos a aquello que realmente apreciamos y valoramos. Así el proceso psicoterapéutico se vuelve como un camino por el que un@ se conoce cada vez más a sí mism@, un espacio en el que un@ confirma y revisa qué quiere fomentar y qué quiere deshacer en su vida, logrando así convertirse a sí mism@ en el agente principal de su vida.  
Puedo citar las siguientes frases de personas que han trabajado conmigo en las sesiones psicoterapéuticas: “el problema económico de mi familia en sí todavía está allí, pero la forma como vivimos ese problema ha cambiado. Ya no acudimos a la violencia, porque nos dimos cuenta que eso no nos llevaba a nada, eso sólo destruía todo. Nos costó trabajo al principio conectarnos con esta forma de ver, pero finalmente lo logramos y mira cómo nos cambió. Ahora cuando me sale un tono muy agresivo de hablar con mi familia, me doy cuenta y me pregunto: «¿porqué estoy tan presionada y ansiosa?». Así, trato de atender yo misma mi ansiedad. Ya que vi claramente cómo el problema económico nos absorbía y nos hacía  destruir las cosas valiosas que no teníamos que destruir: la relación familiar, nuestra forma de mirarnos a nosotros mismos, la calificación escolar de mis hijos, nuestra salud y dieta, ...todo!  Ahora me pregunto a mí misma: «oye, ¿qué quieres hacer?, tú eres quien puede decidir qué opción tomar en esta situación. Tú eres quien puede decidir si quieres que el "mal genio" siga teniendo un mayor poder que tú en tu vida». Así tras compartir esta mirada entre toda la familia, cada uno empezamos a ser más sensibles a las cosas que el "estrés provocado por el problema económico" nos persuadía a hacer para que entráramos en ese mecanismo auto-destructivo. Ahora sabemos cómo podemos actuar cuando aparecen "esos ataques" de "estrés" y "desesperación" para debilitar su poder, y hacemos varias cosas que nos facilitan estar en colaboración: bromeamos, nos abrazamos, reconocemos nuestros aciertos y errores abiertamente. Hacemos varias cosas que nos ayudan a ser nosotros mismos y a no convertirnos en las pobres víctimas del problema. Así estamos logrando un resultado mejor incluso en nuestra búsqueda de mejorar la situación económica familiar."   

La terapia narrativa me ha permitido comprender el proceso terapéutico como un camino por el que las personas recuperan la vida en sus manos. Es un camino por el que las personas logran sentirse contentas y orgullosas consigo mismas y estar convencidas de la postura que asumen ante la realidad que les toca vivir. Es un camino por el que cada persona desarrolla las habilidades más acordes a lo que anhela y valora lograr en su vida. Mi función en este proceso es facilitar el diálogo que les posibilita dirigirse a realizar esta gran tarea de la vida. Así siempre reflexiono: «¿qué preguntas y miradas de mi parte pueden contribuir mejor para que se desarrolle esa toma de postura en las personas? ¿Qué conocimientos sería valioso que ella y yo tuviéramos sobre su situación y su persona para acercarnos cada vez más a ese camino? ¿Qué habilidades y posibilidades que tiene esta persona deben ser aprovechadas? ¿Qué forma de interactuar de mi parte posibilita más fácilmente el desarrollo de este proceso?» Es una forma de mirar que me ha abierto varias puertas valiosas en mi vida profesional y personal.

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